Desde una chispa hasta el lienzo

Cada una de mis obras pintadas a mano empieza con una idea, una chispa, una conexión con un personaje que me marcó. A veces es un pedido especial, otras veces simplemente aparece en mi cabeza y sé que necesito pintarlo. Es un proceso largo, pero que disfruto de principio a fin.

Mano tatuada de Trece calando a bisturí un stencil del Joker sobre una mesa con plantillas y cintas.

Diseño, boceto y planificación

Primero investigo, aunque a la mayoría de estos personajes ya los conozco y los llevo adentro. Luego diseño un boceto digital para ver colores, detalles y composición. Cuando siento que tengo lo que buscaba, empiezo a preparar los stencils: cada color, cada capa, cada línea.

Proceso de calado del rostro del Joker con bisturí sobre plantilla blanca.

Trece Art pintando a mano un cuadro de Darth Vader con aerosol rojo y negro.

El corazón del proceso: calado a mano

Esa parte artesanal —la del calado con bisturí— es de las que más me conecta con lo que hago. Requiere tiempo, precisión y mucha paciencia. Una vez listos, paso a la pintura con aerosoles y, si la obra lo necesita, sumo detalles finales con marcadores o acrílicos.

Vista aérea del proceso de pintura de Wolverine con colores vibrantes y stencil ya aplicado.

Detalle del aerosol mientras se pinta al Joker con la frase “Put on a happy face”.

Taller de Trece con varias obras expuestas: Joker, Darth Vader, Cerati y más.

Cada obra tiene su energía

Crear un cuadro así lleva entre tres y cuatro semanas, pero es un tiempo que abrazo. Porque cada pieza que nace en el taller es única, lleva mi impronta, mi energía y algo que quiero compartir con quien la vea. Es arte urbano llevado al lienzo, con técnica de stencil y todo el corazón.

Trece de pie entre seis de sus cuadros pintados a mano, con fondo blanco y estantes llenos de materiales.